brujeria una historia de sanación femenina

Brujería: una historia de sanación femenina

En la actualidad las personas que continúan usando la brujería como sanación son rodeadxs de un halo de superstición y temor, pero ¿cuál es el antecedente en torno a la brujería?

En esta oportunidad replicamos fragmentos del libro “Brujas, Parteras y Enfermeras” de Barbara Ehrenreich y Deidre English, publicado en Nueva York en el año de 1973 con el fin de reivindicar a todxs lxs abuelxs, curanderxs, yerberxs, parterxs y brujxs que desde siempre han estado avocadxs al cuidado de la salud.  

Las brujas vivieron y murieron en la hoguera mucho antes de que apareciera la moderna ciencia médica. La mayor parte de esas mujeres condenadas como brujas eran simplemente sanadoras no profesionales al servicio de la población campesina. 

Estas mujeres llamadas “brujas” representaban una amenaza política, religiosa y sexual para la iglesia, tanto católica como protestante y también para el estado. 

A menudo la iglesia era un canal para que las clases altas recibieran atención médica, es sabido que reyes y nobles tenían sus propios médicos (varones) de corte que eran, a veces, incluso sacerdotes, pero cuando se trataba de mitigar los sufrimientos del campesinado la misma iglesia contribuía muy poco. De hecho, no es casualidad que el nombre hasta hoy día para sacerdote sea “cura”. 

Las brujas sanadoras a menudo eran las únicas personas que prestaban asistencia médica a la gente del pueblo que no poseía médicos, ni hospitales y vivía pobremente bajo el yugo de la miseria y la enfermedad. 

Durante siglos la magia de las brujas fue la ciencia de la época

Las mujeres sabias (o también llamadas brujas) poseían multitud de remedios experimentados durante años y años de uso que se transmitían de unas a otras. Muchos de los preparados de hierbas curativas-medicinales descubiertos por ellas continúan utilizándose en la farmacología moderna. 

Para sus prácticas sanadoras las brujas disponían de analgésicos, digestivos, tranquilizantes y otros muchos remedios empleados para curar. Otras de sus prácticas también eran pura magia y debían su eficacia (cuando la tenía) a un efecto de sugestión.

Desde sus inicios la brujería fue empírica, se confiaba más en los sentidos que en la fe o en la doctrina, creían en la experimentación y en la relación entre causa y efecto. No tenían una actitud religiosa, sino activamente indagadora y se aferraban a su capacidad para encontrar formas de actuar sobre las enfermedades, los embarazos, los abortos, y los partos.

Por desgracia, las brujas, mujeres pobres y analfabetas no nos dejaron muchos testimonios escritos de su propia historia así que comúnmente es contada a través de los ojos de sus perseguidores. Si quieres continuar aprendiendo sobre estas mujeres que durante siglos fueron médicas sin título puedes buscar y adquirir un ejemplar del libro directamente en la editorial El Rebozo.

Información extraída del texto “Brujas, Parteras y Enfermeras” de Barbara Ehrenreich y Deidre English.